viernes, 8 de junio de 2012

Verano en la calle avellaneda


Verano en la calle Avellaneda
Por Julián D’Andrea 


Una noche como cualquier otra. Veranear en el sur con amigos era el objetivo. Ya hacía varios meses que el scooter de cilindrada de 250 cc color azul Francia con pequeños detalles en blanco, era la herramienta para ahorrar dinero.  Claudio era un pibe tranquilo, con muchos amigos, muy alegre y sin vicios. Era un fiel creyente del destino. Su madre, Norma, era una persona insegura y con muchos miedos, ama de casa de clase media. Tenía el don de precaver cosas, que tarde o temprano terminaban sucediendo. Una de esas, fue la moto de Claudio. Le tenía terror, le rogó que no la comprara, pero él tenía su destino marcado, creía que no le iba a pasar nada.                                                                                                                           .
Era una noche de sábado muy calurosa para ser en comienzos de octubre. Claudio tenía que llevar el pedido a una casa a 18 cuadras de la pizzería. Una dirección que ya sabía de memoria porque era una familia que pedía casi todos los sábados, dejaba mucha propina y además tenía una casa muy llamativa, colorida y con decoraciones muy originales. Su reloj marcaba la 23.05, pero él no estaba seguro porque siempre se desconfiguraba. Claudio tenía mucha alegría para trabajar. El ruido de su moto no le permitía escuchar nada más y lograba un silencio interior envidiable. Claudio pensaba en su novia, con quien un rato antes había discutido. No le pudo pedir perdón ni volver a hablar con ella por tener que entrar a su trabajo.
Se dirigía por la calle Amenedo, una empedrada y de las más conocidas en Adrogué. A pesar de que estaba muy seguro y, según él, fuera de peligro, llevaba el casco puesto por un control policial sobre una de las esquinas por las que más debía pasar. Luego, giró en la calle Avellaneda, una de las más peligrosas: tenía pocas luces, pozos, esquinas con arbustos o garitas de seguridad con las que era difícil visualizar rápidamente y lo peor de todo el paso de cuatro líneas de colectivo sobre uno de sus cruces. Cuando de repente, un auto pasa en contramano y con luces fuertes, lo que logró quebrar ese silencio de Claudio por una buena puteada y más expresiva por girar el cuerpo y levantar el brazo, lo que además se llevó su atención. Cuando enderezó el cuerpo estaba en un cruce y el peor de todos. Su falta de atención y la respuesta al otro conductor no le permitieron ver con tanta claridad. Un vehículo gigante, muy iluminado y con un cartel grande en color que decía 514 le devolvieron el silencio a Claudio. Una hora más tarde, los de la casa colorida, llamaron a la pizzería para reclamar la tardanza de su pedido.  

*

Que fea es esa sensación de no poder hacer nada. No escuchar ni hablar. Es una sensación de ahogo. Como que cada vez que inhalas o exhalas, algo en tu garganta lo bloquea. Genera un dolor en el pecho más feo que cualquier otro. Querer expresarte, llamar a alguien, obtener la atención de algo y no lograrlo. Pero ¿qué tiene éste de distinto que no satisface?  Muchas veces uno busca el silencio, principalmente el interior. Pensar antes de actuar, saber qué quiere uno, a quién, cómo, pensar en tantas cosas y quizás lograr algo bueno. Como Platón con su mundo de las ideas, Descartes con el origen de la duda o con Horkheimer buscando distintas maneras de criticar al capitalismo. Ese momento es muy importante. Ha logrado  suicidios y asesinatos, y que más que le muerte para identificarlo como uno de los momentos más cruciales de la vida de un ser humano.                                                            .
Sentirse postrado en una cama debe ser horrible. Y más ver que en frente tuyo hay personas llorando, no sabes por qué. Todas esas cosas que te quedaron guardadas. El amor a tus padres, el odio y cariño a tus hermanos, la incondicionalidad eterna a tus amigos o el perdón a una novia. Quizás estés soñando, uno no sabe. Lamentablemente no tenemos el don para diferenciar  el sueño de la vigilia, pero algo está pasando y no somos capaces de hacer algo. Sentirse observado pero al mismo tiempo no, tener los oídos abiertos, pero no escuchar nada: la vida se llena de contradicciones. Como la de critico, pero no me gusta que me critiquen, lo barato sale caro, odiar a los caretas y volverse uno y una infinita cantidad más.
¿Qué pensarán esas personas a las que me faltó expresarles cosas? ¿Me siguen queriendo?
Quizás de ahora en más el silencio sea mi único amigo y familiar, hasta que me canse de su compañía.

*

Ya pasó exactamente un año y 2 meses de esa calurosa noche de octubre. El diagnóstico marca fractura basal del cráneo acompañada de una lesión intracraneal con hematoma epidural. Paciente en coma. 

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