27 horas y 30 minutos
Por
Julián D’Andrea
En este momento
que empecé a escribir estas palabras pasaron exactamente 27 horas y 30 minutos
desde que vi en la pantalla a Bastian Schweinsteiger en el piso y escuché a
Sebastián Vignolo decir "Alemania campeón del Mundo". 27 horas y 40
minutos desde que Mario Götze bajó ese centro con el pecho y pateó cruzado por
encima de Sergio Romero. 27 horas y 30 minutos después me doy cuenta de que
esta sensación de impotencia, bronca, nervios y muchas cosas inexplicables son
por haber estado tan cerca de la gloria. Pero me dí cuenta de algo que todos
esos sentimientos de repente se borraron. ¿De qué me di cuenta?
Yo me siento un
privilegiado: Concibo al fútbol ya no como un show, sino como un juego de
pasiones, como un encuentro de 22 tipos que tienen un don para maniobrar el
corazón desde decenas a millones de personas. Eso lo tengo claro desde la
primera vez que pise el hogar de mi corazón, el Bosque de La Plata, en 1997 en
un partido contra Central. Por eso digo que soy un privilegiado. ¿No les parece
que el simple hecho de cambiar completamente de humor de un segundo a otro, de
un grito a un silencio, de un movimiento tan repentino como patear una esfera
de materiales cada vez más modernos -y ya alejados de aquellas pelotas de cuero
que pasaban por los pies de tipos como Di Stéfano, Varela, Garrincha,
"Pancho" Varallo-, nos demuestran que tenemos sentimientos? ¿Que nos
demuestran estar vivos?
El fútbol, en
nuestro país, en nuestra hermosa cultura, es algo más que un idioma. Es algo
que -perdón por el clichè- se lleva en la sangre. Te proclames o no futbolero,
si sos argentino, no te queda otra que terminar siendo futbolero y este mundial
dio enormes muestras de eso. Esto mueve multitudes. Por algo relacionamos todo,
absolutamente todo, con el fútbol. A la sociedad con el equipo, a la Presidente
con el director técnico o hasta a Mascherano yendo a negociar los fondos
buitres. "Sólo dos veces mi mujer me despertó antes de las diez de la
mañana: una fue cuando me dijo: 'Invadieron las Malvinas'. Y la otra: 'Diego
firmó para Newell’s'. Dos catástrofes.", dijo alguna vez el gran Roberto
Fontanarrosa. Y sí, esto (¿Lamentablemente?) es así.
Pero aún sigo sin
responder de qué me di cuenta. Estos últimos partidos de definición, estos
festejos masivos me pasó algo bastante particular: Me seguí confirmando a mí
mismo que lo que siento por Gimnasia, no lo siento por nada en el mundo. Ni por
la selección. Quizás en parte también sea ver a tantas personas que criticaban
al fútbol y ahora estaban entre los que me rodeaban a diferencia de estar
rodeado de miles de triperos llorando y alentando hasta en los momentos más
duros, más allá de cualquier juicio a un jugador o cualquier catástrofe
institucional. Triperos que siempre van a demostrar que siguen ahí, como
eternos. No podía, realmente, encontrar cerca mis sentimientos por Gimnasia con
los sentimientos por la Selección argentina. Pero ahí es donde vuelvo a estas
ya 27 horas y 30 minutos desde que somos subcampeones. Y vi que estaba
equivocado. Quizás el sentimiento fue realmente fuerte y tan profundo que no me
di cuenta hasta 27 horas y 30 minutos de una seria, fría y extraña angustia.
Es realmente
complicado poder expresar sentimientos en un texto. De modo que voy a intentar
alejarme de las cuestiones más filosóficas e ir a lo más fáctico. A intentar
con hechos que te preguntes si sentimos lo mismo o no. Quiero aclarar, que en
estas palabras y esto que deseo expresar no voy a hablar de los incidentes en
obelisco después de la final. Voy a relacionar al fútbol con la sociedad, y
para ser de una sociedad hay que ser civilizado, y claramente los autores de
los destrozos no lo son.
En mis 21 años de
vida nunca vi tantos millones de personas unidas. Unidas por una similitud. Y
era la de alentar a 23 jugadores de fútbol que están representando un país.
Algunos dirían que es una idiotez resaltar una unión por un "simple"
partido de fútbol. Pero pregunto 27 horas y 30 minutos después de ese pitido de
Rizzoli que jamás olvidaré, así como los que vivos en los ’90 no se olvidarán
de Codesal: ¿Siguen pensando que un partido de fútbol es un "simple
partido de fútbol"?
Por otro lado,
algunos no paran de comparar a lo que demostró el equipo con lo que les
gustaría que sea su sociedad. Y es una comparación sobre los valores. Y me
incluyo en este grupo. Siempre detesté comparar a un equipo de fútbol con la
sociedad, pero en estas 27 horas y 30 minutos cambié de parecer. Y quizás, nos
sirva un poco. En 7 partidos, vimos a través de un "simple" deporte
valores como compromiso, solidaridad, unidad, humildad y respeto. Y esto,
seamos sinceros, lo vimos todos.
Sabella dijo hoy
al arribar a Argentina: "Los argentinos nos creemos más de lo que somos".
Y tiene un poco de razón. Nos falta un poco más de humildad. Nos falta más
compromiso, cumplir promesas, acompañar a pesar de los fracasos para
levantarnos lo más rápido posible. Nos falta solidaridad, ayudar al de al lado.
Abrazar, llorar, mimetizarse con los demás. Nos falta dar un poco más sin
esperar recibir. Nos falta unirnos entre nosotros, porque somos hermanos y con
sentimientos parecidos. Nos falta salir un poco más a la calle a gritar y a
llorar, tanto para reconocer cuando las cosas estén bien como para buscar que
cambien cuando estén mal, siempre con respeto. Y el respeto es el valor que
creo debería ser la columna vertebral de nuestra sociedad.
Imaginémonos una
sociedad con todos esos valores, sería espectacular. Podríamos salir adelante
como sociedad y como Nación. Ser un mejor país, una comunidad. Sería realmente
espectacular ver todos esos valores entre nosotros. Nosotros como hermanos. Hermanos
que nacimos con un corazón enorme, lleno de amor y pasión por absolutamente
todo. Ojalá que si alguna vez existiesen esos valores los podamos mantener
eternamente ¿Pero saben qué? Y acá está mi respuesta a la pregunta principal de
estas palabras: Esos valores los vi. Los vi en nuestra sociedad. Los respiré.
Los sentí. Sí, las últimas 27 horas y 30 minutos.
Y frente a esa
respuesta que cambió mis sentimientos de un momento al otro, como un gol, como
un pase bien dado, como un tiro en el palo, como una atajada enorme, como una
expulsión, como un penal, hago otra pregunta con el único fin de que cada uno
lo piense para adentro: ¿Podremos mantener esas 27 horas y 30 minutos por años,
décadas o siglos?
